Callecitas angostas y empedradas, ropa colgando de los balcones y el mar azul y cristalino que lo envuelve todo. Se respira aire del mediterráneo que inunda la atmósfera de romanticismo y atardeceres coloridos. Cinque Terre, la región de la Liguria italiana fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, no solo atrapa su belleza natural, sino que tiene propuestas para todo tipo de viajeros.

Para el viajero tradicional, que busca empaparse de la cultura del lugar:

Los pueblos crecen a lo alto, cada vez más arriba de la montaña, acercándose a las terrazas de viñedos y olivares. Los custodian construcciones medievales, los castellos. Antes, un punto de avistaje de nuevos enemigos. Hoy, un lugar con una vista panorámica excelente para sacar fotos.

Pero no fuimos nosotros los primeros enamorados de estas playas:

¡Todo acabó! La vela temblorosa
se despliega a la brisa del mar,
y yo dejo esta playa cariñosa
en donde queda la mujer hermosa,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Así empieza “La Partida”, de Lord Byron. El poeta inglés bajaba a la orilla de Portovenere, pueblo contiguo a los Cinque Terre, para robarle inspiración a las olas del Mediterráneo. Se puede visitar el sitio exacto llamado, por supuesto, “La gruta de Lord Byron” y dejarse transportar en el tiempo a la época del gran poeta.

Para el viajero “foodie”:

Para aquellos que la comida no es solamente una necesidad, sino un placer en sí misma, las gelaterías los esperan con un desafío. Gelato di Basilico … ¡Helado de albahaca! Además de gustos exóticos, se pueden encontrar los tradicionales antipastos, y pescados. Un lugar recomendable es el restaurant Il Castello, en Vernazza. Con una terraza en la montaña que cae directo sobre el mar, es un gran lugar para ver el atardecer mientras se disfruta de una rica comida.

Side note: Reservar con un día de anticipación.

Para el viajero “healthy”:

Il sentiro é tosco, raggazi”, significa los cuádriceps van a quemar. Para quienes el ejercicio es un must hasta en las vacaciones, pueden visitar los cinco pueblos caminando. El viento de mar nos refresca, y nos empuja a seguir avanzando, mientras que el mar de fondo hace que nos olvidemos que estamos caminando entre pierdas y en subida. Es tal la inmensidad del paisaje, que llegamos de un pueblo al otro sin darnos cuenta.

Para el viajero glamoroso:

Para los que quieren estar al tanto de lo último, Portofino es una parada obligatoria. Lo que antes fue un pueblito de pescadores hoy desborda glamour. La combinación de lujo y buen gusto se siente en el ambiente… y en el agua. Los barcos privados, anclados uno al lado del otro como veleros, visten las orillas el puerto. El pueblo, chiquito pero muy pintoresco, intercala restaurantes con boutiques de primera línea. Dior, Missoni, Longchamp, todas quieren estar presentes. El griterío de turistas no existe, la gente camina relajada por las veredas anchas; los pantalones blancos y las camisas de lino son el uniforme de la temporada.

Por Lucia Cesaretti 

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